marzo 05, 2010

Apoyos ordinarios

Desde que la Consejería de Educación ha decidido ahorrar, yo hago sustituciones una hora detrás de otra. Agota. Derrota. Me deja sin voz. Lo mismo tienes que explicar LA DIVISIÓN, que tienes a un mini sujeto lloriqueando porque quiere una pegatina (que no se merece, nadie se merece semejante tontería) en la frente por haber traído un plátano para el almuerzo.

Andaba yo esta semana en la segunda planta, en el lado donde están los andamios con albañiles subidos en ellos. Sustitución, claro. Relieve español. Allá que voy yo con mis pliegues gigantescos de papel. Tengo una compañera que se cachondea de mi, dice que todo lo soluciono con aros y pliegues de papel. Y entro en esa clase con treinta tarros repletos de hormonas. Bla, bla, bla. Lo siento, hoy no tengo inspiración. Hoy no me sale el motivaros para que se os quede algo. No.
En una de esas miro hacia la ventana y lo veo. Sí, ahí está, un albañil con una tubería de unos veinte centímetros de diámetro puesta a la altura de la entrepierna. ¿Tiene cara de salido?. Sigo la dirección de su par de ojos. Una sujeto de once años sonriente sujetando su camiseta (con escote) para enseñarle de pleno las tetas al futuro fiambre (niña gitana, trabajador payo). Mira tú que bien, pienso. Apoyo la tiza en la pizarra. Me acerco a la niñata la cojo del brazo tranquilamente y la saco de la clase.

Es muy largo de contar. Pero os diré que el padre de la niña, en vivo y en directo, con un Cristo de oro colgado del cuello del tamaño un melón de esos redondos y anaranjados, me dijo que no tenía importancia lo que hizo su hija pero que “a ese hijo puta le iba a cortar los huevos”.

Y yo hoy, terminando la semana como la empecé, con ganas de subirme a una mesa y gritar como una loca y dar saltos y dar collejas. Me agota ser contenida y equilibrada. Necesito un patio de recreo para gritar y darle patadas a mis compañeros y decirle al profe de guardia que fueron ellos quienes empezaron.

marzo 03, 2010

Londres: mi primera vez.

Aunque son los londinenses tremendamente limpios, ordenados y civilizados a la hora de llevar a cabo su particular Plan E, creo que no se debe una acercar a la ciudad hasta que no pasen las Olimpiadas del 2012.
Mi visita de cinco días a la ciudad no me gustó, fueron muchas las razones. No voy a contaros ninguna. Sí que dejaré una reseña gastronómica (de las que deben haber a miles) que me hizo quitarme la cara de ajo que llevé la mayoría del viaje. Se trata de un restaurante vietnamita llamado Loong Kee que se encuentra al final de la calle Kingsland, Hackney. Tiene una carta amplia, a mi me encantaron todos los platos aunque destaco los steam spring rolls. Por otro lado debes saber que si te acercas a comer o cenar, es costumbre que te lleves tu propia bebida (alcohólica) pues en sus comienzos no las tenían en la carta y ya ha quedado como tradición.

febrero 24, 2010

Mi abuelo y mi ruso.

Mi abuelo era una persona que hablaba más bien poco. Íbamos a verlo cada domingo y a mi persona le dedicaba dos momentos. Uno era nada mas llegar del viaje, cuando yo algo paliducha después de tanta curva, me acercaba a la alacena que estaba justo al lado de donde él leía el periódico y me preguntaba -¿ya vienes con hambre? Ahí hay torta de tu abuela-. La otra frase memorable era al irnos -Cuqui, toma- y me daba una moneda de veinte duros y me cerraba la mano. Yo me ponía de puntillas y le daba un beso.
Era un hombre que no se metía con nadie ni con nada excepto cuando se enfadaba que decía otra de sus frases - me cago en Rusia-. A lo que le seguía mi abuela farfullando "lo que le habrán hecho a él los rusos..."
Mi abuelo y yo nacimos con setenta y ocho años de diferencia. Yo hoy digo "qué listos son los rusos". Y es que en mi colegio hay siete niños rusos y a mi es raro el día que no me dejan con la boca abierta.
Hoy se ha presentado un libro en mi cole en el que el curso pasado participaron todos los niveles, desde los tres hasta once años. A cada clase se le propuso un tema (tu color preferido, qué quieres ser de mayor, mi calle, mi casa, tu ropa favorita, etc) y cada niño escribió una frasecilla o dos sobre él. Bueno, pues ahí he ido yo a ver que escribió mi artista atormentado cuando tenía tres años.
En la parte de Infantil (y en la de Primaria, lo siento Marmarita) se nota que "han arreglado" las expresiones de los crios. Dicen cosas como " En el rincón de la plastilina porque hago bolitas y con ellas un muñeco de nieve y perritos". Perdona, pero yo trato con esa sujeto y con cuatro años no es capaz de construir esa frase, dudo que con tres lo hiciera.
Pero ahí va mi ruso preferido y nos cuenta cual es su juguete favorito. Donde el resto de sus compañeros hablan de motos, muñecas osos y bolsos va éste y suelta: un monstruo, porque me subo en él. Y sé que esa frase no se la reescribieron, no no, él habla así. Y no puedo pasar la tarde sin que me venga mi ruso y su monstruo de turno a la cabeza y acto seguido sonreir de oreja a oreja.

febrero 21, 2010

febrero 12, 2010